Cerveza y salud, historia de una relación positiva

El consumo de bebidas alcohólicas y su efecto sobre el organismo han sido percibidos de forma diferente a lo largo de los años, al amparo de mitos y razones a partes iguales. Hubo un tiempo en que la cerveza era vista como beneficiosa, y lo era, al menos porque a menudo era más higiénica que las fuentes de agua existentes. El agua que se utiliza para hacer la cerveza se hierve en el proceso de elaboración de la cerveza, lo que acaba con cualquier agente patógeno. El alcohol producido durante la fermentación y la adición de lúpulo ayuda además a preservar estas características.

Hasta que se hicieron las plantas de tratamiento de aguas potables modernas, la cerveza era a menudo el único medio de hidratación saludable.

Por el contrario, durante la segunda mitad del siglo XX se produjo un deterioro en la opinión pública respecto del alcohol en general. El conocimiento por parte de la población de los efectos del abuso del alcohol restó popularidad a todas las bebidas, incluida la cerveza.

Luego, a mediados de los años noventa, aparecieron los primeros estudios sobre los beneficios del consumo moderado de vino tinto para la salud, gracias a la presencia de resveratrol, un potente antioxidante. De repente las bebidas alcohólicas, o al menos una de ellas, tuvieron una oportunidad para reparar su dañada imagen.

La cerveza saludable y de engordar, nada

Sus beneficios para la salud tienen un origen distinto, pero son muy sólidos; la presencia significativa de ácido fólico en la cerveza ayuda a reducir el riesgo de enfermedades del corazón cuando se consume con moderación. La cerveza también reduce la formación de coágulos de sangre y ha demostrado mejorar la función mental en las mujeres, así como aumentar la densidad ósea.

Uno de los mitos que circulaba era que la cerveza engorda, pero resulta que no tiene un ápice de grasa ni de colesterol. De lo contrario no sería posible esa característica espuma ni su sabor. Lo que sí puede contribuir a que subamos de peso es el hábito que rodea el consumo de cerveza: el aperitivo, las tapas, etc. Pero tengamos claro que esos “acompañamientos” aportarían las mismas calorías si se consumieran con agua. Además, hay que decir en favor de la cerveza que algunos estudios han demostrado que su consumo ayuda a reducir los triglicéridos y el colesterol LDL (el malo), elementos que a menudo se asocian con el sobrepeso.

El consumo moderado de cerveza es positivo para la salud.

Por tanto, disfrutemos de forma responsable de una bebida ancestral que proporciona un agradable placer sensorial. Nuestro consejo es elegir la cerveza que más nos agrade en cada ocasión y compartir esa pasión, mejorar nuestra cultura cervecera para apreciar los matices que distinguen a los buenos productos y así mejorar nuestra experiencia cotidiana con la cerveza.